jueves, 8 de marzo de 2018

Mujeres Superpoderosas: Belen Altuve Blanton, el milagro de sus ganas de vivir (2da parte)

La mejor forma de honrar a la mujer Venezolana, a la mujer latina un día como hoy, es con la segunda parte de la historia de Belén. Les juro que trate de resumir...

Me sigue contando Belén:

En mayo de 1987 llegué a Carolina del Norte, entré a la universidad donde comencé a estudiar inglés. Súper contenta y feliz, la mejor época de mi vida, conocí muchísima gente. Al pasar 4 meses, tenía que devolverme a Venezuela y yo no quería, me dije ¿Ahora que invento? Así que le dije a mi papá que todavía no había aprendido bien el idioma, que necesitaba seguir estudiando, pero la universidad era muy cara, así que me metí en un Colegio Comunitario.

Entre 1988-89 mi papá me dijo que ya era tiempo de volver, y yo le dije que iba estudiar una carrera, así que estudié computación, me gradúe y conseguí un trabajo, allí conocí a mi primer esposo.

Volví de visita a Venezuela con mi prometido, pasé unos días con mi familia y allí él pidió mi mano en matrimonio. Nos casamos en 1990, de esa unión nació mi hijo Néstor en 1992, el amor de mi vida. Mi primer esposo era 10 años mayor que yo, tenía problemas con la bebida y yo soy una persona que jamás me he considerado una víctima, no me aguanto esas cosas, decidí ser feliz; así que me divorcié.

Pasé un año soltera, me mudé a Charlotte, seguí trabajando y criando a mi hijo. Un día conocí a muchacho en una discoteca, era todo un galán y varios años menor que yo, me casé con él. No duramos 6 meses. Me casé, por los convencionalismos sociales, pensando en mis padres, pensando en el que dirán si vivo con una pareja sin casarme. Descubrí que los prejuicios sociales no te dan la felicidad.

Mi vida siguió, trabajando, disfrutando, feliz y tranquila. En esa época se vino a este país mi prima, mi hermana de vida Gloria, ella llegó a Orlando. Pero cuando ella se casó se mudaron para Jacksonville y me dijo que me fuera para allá, para así estar más cerca. En ese momento yo trabajaba en un banco, solicité un cambio y me hicieron mi traslado.  Mi hijo Néstor tenía 6 años.

Seguí trabajando y en esa época Gloria comienza a decirme que tenía que conocer gente, que no podía seguir sola. Yo no quería casarme nuevamente. Pero ella insistió, me habló de un portal llamado Matchmaker.com, así que hicimos mi perfil. Conocí mucha gente; en internet eran unos príncipes y en persona eran unos sapos. Estaba cansada, decidí no conocer a nadie más.

Fue entonces cuando recibí un correo de John a través de la página. Cabe destacar, que todos los hombres que me escribieron antes me decían que querían algo serio, pero eran una cosa en la página y otra en persona;  sus perfiles no tenían nada que ver con la realidad. En cambio John me escribió “Hola mi nombre es John, estoy recién divorciado, me encantan tus fotos, quisiera salir contigo y pasar un buen rato juntos”

…Y yo me dije ¡A este tipo que le pasa! De todas formas revisé su perfil y lo que encontré fue la historia de un hombre recién divorciado que lo que quería era un living la vida loca. Así que no le contesté, pero él seguía insistiendo. Hasta que yo le respondí: “mira, yo creo que lo que tú estás buscando, no es lo que yo quiero. Yo deseo estar con una persona y tú estás recién divorciado”. John me respondió: ¿Por qué no nos damos la oportunidad de conocernos?  Yo le dije, está bien, dame tu teléfono y yo te llamo (tan solo para quitármelo de encima) sin la más mínima intención de llamarlo. Pero Gloria comenzó a insistir, ¿Porque no lo vas a conocer? ¿Cuál es el problema?

La primera vez que lo llamé por teléfono nos quedamos hablando un buen rato, yo no sabía cómo era, su perfil no tenía fotos. Mantuvimos el contacto por esa vía por un  tiempo. Hasta que por fin decidimos conocernos cara a cara. Dejé a mi hijo Néstor con una amiga e hicimos una clave: le dije, sí me gustaba el tipo yo la iba a llamar y le iba a decir que Néstor estaba bien. Si no me gustaba el tipo le iba a decir que tenía fiebre.

Eso fue un agosto,  nos conocimos y así comenzó nuestra relación. En esa época John estaba en la naval y tuvo que quedarse en el submarino hasta el mes de noviembre, durante todo ese tiempo me escribió cartas maravillosas. De repente, me empezó a dar una fiebre, Y yo no sabía que era, en ese entonces yo no tenía muchos doctores aquí, tuve que llamar a mi médico de Venezuela:  el Dr. Iván Mendoza, le conté que me daba fiebre, me tomaba una pastilla y el efecto me duraba solo 10 minutos, su respuesta fue: no sé cómo vas a hacer ni como es el proceso allá, pero tienes que hacerte un cultivo en la sangre, pues puedes tener endocarditis (una bacteria en el corazón). Ningún doctor me lo quería hacer aquí, hasta que llegué a un médico latino, y le dije a mi no me interesa si el seguro lo cubre o no, pero yo necesito ese examen. Me lo hicieron.

Salí de allí y me fui para casa de Gloria, no había pasado media hora y me llamaron, señora tiene que venir al hospital ya. Tenía una endocarditis. Duré dos semanas en terapia intensiva. John acababa de llegar, eso fue a finales de noviembre de 1998, en ese momento apenas la relación estaba comenzando y él se mudó conmigo al hospital, yo le decía: soy una persona con una enfermedad cardiaca, es una cardiopatía congénita, eso no tiene cura, tú y yo estamos empezando, sí tú piensas que esto es demasiado para ti, yo te entiendo.  Su respuesta fue: ¿Pero de qué estás hablado tú? ¡Yo estoy enamorado de ti!  A mí que me importa.

Durante esas dos semanas en el hospital y todo el tiempo que duró mi  recuperación, él era el que me cambiaba las agujas de la vía donde me suministraban el antibiótico, eso duró dos meses. El 24 de diciembre de ese año, cuando yo aún tenía la bolsa de solución endovenosa guindando, con mi mano hecha un desastre, John me pidió que me casara con él. ¡Yo no lo podía creer! Yo me decía ¡esto no puede ser! ¡Este hombre de donde salió!

Me recuperé. Y John ha sido para mí, mi ángel de la guarda, mi todo. Yo le digo a él que es la fuerza de mi  corazón y mis pulmones enfermos. Él es el que hace que yo pueda respirar, yo no tengo palabras para describir el amor que yo siento por ese hombre, mi amor por él no tiene dimensión.

Llevamos juntos 20 años. Los primeros 12 fueron muy lindos, a pesar de que me iba deteriorando poco a poco. Llegó el punto en el que tuve que dejar de trabajar, mis médicos me declararon discapacitada laboralmente hablando; porque el glamour lo mantengo, siempre estoy entaconada, bien maquillada y arreglada.

Todos los cardiólogos que yo veía era pediatras, porque son los que pueden tratar cardiopatías congénitas. Los cardiólogos para adultos aquí no se preparan para tratarlas. Así que cada vez que tenía consulta, yo me decía: "aquí viene la vieja", cosa que me encantaba, pues al llegar al consultorio siempre me encontraba con padres de paciente  (niños muy chiquitos) que estaban siempre muy angustiados; y nosotros los venezolanos hablamos con todo el mundo, asi que la sala de espera del consultorio es el sitio perfecto para entablar conversación. Siempre me preguntaban que dónde estaba mi hijo, y me tocaba aclarar que yo era el paciente, cosa que generaba un gran asombro,. Me tomé muy en serio el darles muchas esperanzas a esos padres, explicarles que cuando yo nací no existía ni la cuarta parte de los avances médicos de hoy día y aquí estoy  yo “una vieja” (aunque no me considero vieja, sino forever 21). Me hace feliz ser una esperanza, un ejemplo de que sí es posible una vida para sus hijos.

En el 2010 el electrocardiologo decide hacerme un cateterismo y desde ese día mi vida dió un giro. Allí fue donde se descubrió que la presión de los pulmones estaba muy alta, eso es una hipertensión pulmonar, esto ha sido lo más horrible del mundo para mí, pero yo siempre con mi actitud positiva. Aunque he cambiado, ahora soy más cautelosa, tuve una etapa de muchos miedos. Me colocaron una bombona de oxígeno y al principio no quería salir de mi casa, porque yo, antes muerta que sencilla.

Pasaron 4 años y los médicos decidieron que mi única opción era un trasplante del corazón y de ambos pulmones. Y comenzó una nueva etapa, pues me hicieron un nuevo cateterismo y casi caigo en coma, porque mi cuerpo no aguantó la anestesia. Recuerdo que llegó mi doctor y yo todavía estaba entubada y abrí los ojos, no entendía lo que estaba pasando. Pero para mí lo más terrible de ese momento fue ver a mi hijo y que él me viera a mi así, yo no quería que el viviera esa experiencia. Finalmente me lograron revivir, estuve en terapia intensiva.   

Pasé por todos los exámenes habidos y por haber, el pulmonologo me insistía una y otra vez que mi única oportunidad era  el trasplante. Después de hacerme todos los exámenes me llamaron por teléfono un día, cosa que me traumatizó muchísimo. Simplemente me llamaron a mi casa y me dijeron: “Sra Blanton habla el Doctor para notificarle que usted no califica para el trasplante, veremos que medicina se le podrá dar mientras usted sigue adelante”

Yo estaba en shock, pero a los ojos de los demás: arregladita, maquilladita, pero por dentro me estaba muriendo; muriendo de miedo, pidiéndole a Dios que me diera más vida, que por favor me diera otra oportunidad, porque para mí la muerte está cancelada.

Volví a la consulta con el pulmonologo en la Universidad de la Florida, él me mandó una pastilla que me cayó muy mal,  y se despidió de mí con un gesto de resignación. Durante cuatro meses, no me llamó ni una vez. Yo pensé, este tipo a mí no me va a limitar, yo voy a cumplir 50 años y este médico no  me va a decir a mí que no puedo vivir porque no me puedo hacer un trasplante. 

En ese entonces, yo ya había conocido a un muchacho de aquí de Jacksonville, en la Asociación de Cardiopatía Congénitas, y él también tenía hipertensión pulmonar y una cardiopatía congénita distinta a la mía, y él me recomendó la Clínica Mayo.

Yo estoy muy apegada a una imagen de un Corazón de Jesús, que era de mi bisabuela y que mi mamá llevó para Houston cuando era una bebé y la pusieron en mi habitación. Yo todavía tengo esa imagen y hablé con él, y le dije: chamo vamos a solucionar esto aquí, vamos a ver que hacemos  tú y yo, los médicos pueden decir muchas cosas, pero aquí el que decides eres tú Dios mío. Tú has decidido que yo siga aquí, me haces el favor y me haces la segunda. John se ríe mucho de mí, dice que la forma en que yo hablo con Dios es muy cómica. Pero resulta, que mi relación con Dios es chévere. Nosotros somos panas.

Decidí ir a la Clínica Mayo, allí conocí a varios médicos, mi vida dio un nuevo giro, tengo mis altos y mis bajos. Mi vida ha cambiado totalmente, pero lo que no cambia es mi actitud. Aunque confieso que a veces me provoca decir ya no más, yo no puedo más,  ya está bien, hasta aquí. Pero después vuelve a mí el amor a la vida, mi amor a la vida es demasiado grande.

Durante 20 años yo tomé una medicina llamada cordarone, que es para controlar el ritmo cardiaco, pero es una pastilla con unos efectos secundarios terribles, yo tengo cirrosis cardiaca, parte del problema de los pulmones lo origina esa pastilla, ningún médico me la quitó, hasta que llegué a la Clínica Mayo, allí me está tratando un cardiólogo especialista en cardiopatías congénitas en adultos, me dijo que no entendía como después de 20 años de tomar ese medicamento estaba de pie y me veía tan bien, además no entendía como no me había quedado ciega, pues otro de los efectos secundarios es que se forma glaucoma ocular, lo que ocasiona ceguera.

Me quitaron la pastilla y eso trajo consecuencias. En julio del 2017 comenzó una nueva etapa, me dio una atriafibrilación, los ritmos cardiacos llegaron hasta 125/140, me trasladaron a la Clínica Mayo y allí me hicieron un electroshock para regular el ritmo cardiaco; pasé 3 semanas bien y otra vez volví a caer y me hicieron un nuevo electroshock. Allí conocí al electrocardiologo, que se especializa en ritmos cardiacos, esta persona es un regalo de Dios, es un médico espectacular. Este doctor se ha convertido en mi ángel de la guarda,  me escribe todos los días para saber cómo me siento.

En Octubre de 2017 me hicieron una ablación (van a las venas de tu corazón y allí cauterizan las viejas cicatrices) para que las taquicardias se calmen. El procedimiento duró 7 horas. Gloria estuvo conmigo, me cuidó toda la noche. La recuperación es muy dolorosa, pues al día siguiente sientes literalmente las quemaduras en el corazón. Estoy en ese proceso de recuperación, de buscar una nueva medicina y que mi organismo se adapte, pues mi cuerpo estaba acostumbrado al cordarone.

Con la hipertensión pulmonar, la cardiopatía congénita y mi edad, todo ha avanzado muchísimo. Desde esa época he tratado de informarme, de aprender de mi enfermedad, de lo que me pasa y ahora entiendo la cara de asombro cada vez que un médico nuevo me conoce; siempre me pregunté porque me miraban como un extraterrestre. Ahora entiendo que las personas que tienen atresia  tricuspidea , rara vez sobreviven, los que sobreviven tienen de 6 a 7 operaciones de corazón abierto, desarrollan discapacidades (algunos no pueden caminar, a otros no se le desarrollan los músculos, etc)

Me uní a la Asociación de Adultos con Cardiopatías Congénitas (ACA por sus siglas en inglés) donde he conocido mucha gente. Hace unos 4 años fui a mi primer congreso que fue en Chicago, allí aprendí mucho, me di cuenta de que no estaba sola. En el pasado tuve muchos momentos donde peleaba en mi mente con mi enfermedad, con mis padres por no haberme explicado lo que tenía, y la vida me enseñó después de conocer a tanta gente, de ver a muchachas muy jóvenes que sufren tanto, que mis padres lo hicieron bien. Yo le doy gracias a Dios de que mi papá y mi mamá me dejaron vivir mi vida tranquila. En la asociación he conocido muchachas de 25 años que se miden el pulso cada 5 minutos, pendiente de la pastilla, conocen todos los términos médicos, no viven su vida,  viven la enfermedad.

Finalizando febrero de este año (2018) estuve varios días en el hospital pues tengo problemas con los pulmones otra vez y con las pastillas que me mandan para la arritmia. Mi vida se ha convertido en una serie de altibajos, tengo épocas buenas y épocas malas, tengo momentos donde siento que el final está cerca.

Yo tengo esperanza, tengo mucha fe. Por eso, para mí el éxito es estar enfocada en mi Asociación de Adultos con Cardiopatías Congénitas. El año pasado estuve en otra Conferencia en Orlando, me fue muy bien, conocí muchas muchachas (el 85% de las cardiopatías se da en mujeres y uno de cada 100 bebés nace con algún tipo de ellas)  

La Asociación del Corazón es muy importante, pero la Asociación de Adultos con Cardiopatías Congénitas  es súper importante, pues nosotros somos objeto de estudio, para que esos niños que hoy nacen tengan un mejor futuro. En estos momentos, formo parte de diversos estudios, me están haciendo investigaciones para saber de dónde viene la hipertensión pulmonar, también colaboro con cualquier médico que me pida algo sobre mi cardiopatía, para que estos científicos puedan estudiar mi caso y en un futuro puedan encontrar la solución.También estoy en un grupo de Mujeres con Cardiopatías Congénitas, es un grupo hermoso, lleno de mujeres fabulosas. Ese trascender, es para mí el éxito. 

La felicidad está en la felicidad de los que me rodea, en ayudar a otros. Por ejemplo, tengo una amiga muy joven, también es paciente, ha tenido seis operaciones de corazón abierto, y hace poco le tocó hacerse su cateterismo en la Clínica Mayo y su mamá nunca llegó (tiene grave problemas de alcoholismo) yo fui la acompañé, me la traje a mi casa, la cuidé. Ayudar a otros me hace feliz, hace que dejé de quejarme, viendo eso me digo que soy muy  afortunada, tengo muchas bendiciones, tengo gente que me quiere, gente que me cuida.

Mi próximo sueño es ayudar a todas las Asociaciones a las que pertenezco, es vivir siempre bella y ver ganar a Messi una copa del mundo con Argentina. En mis conversaciones con Dios yo le digo: pana tú no me puedo ir de este mundo sin ver a Messi ganar el mundial. Por eso, cuando Argentina perdió en el último mundial, yo le dije a Dios: ¡ah me estás dando cuatro años más!  El futbol me llena de vida, de pasión, es un escape, es alegría,  y John también lo ama, nosotros hemos ido a ver a Messi cada vez que viene a los Estados Unidos, así me esté muriendo, vamos a verlo. 

Mi futuro es seguir luchando, yo no me voy a dar por vencida, seguiré dando información, ayudando, asistiendo a todo lo que tenga que ver con las cardiopatías, quiero aprender, a mis 52 años todavía siento que tengo cosas que hacer en la vida, disfrutar de las cosas bellas, incluyendo la moda, los zapatos, el maquillaje y a mis perros, que siempre me acompañan, tanto, que ellos sienten cuando tengo taquicardia.

Quiero una vida larga, con felicidad y con mucha dignidad. Siempre sigo aprendiendo, aprendo mucho de las niñas de la Asociación, una de ellas se va a la playa con su bombona de oxígeno, sale con sus amigos, ella me enseña mucho. Fue una muchacha sana hasta sus 20 años, una estudiante activa, atleta. Ahora pasa sus días escribiendo en su blog, enseñando a otros, no nos conocemos personalmente, pero nos queremos mucho, siempre nos llamamos y yo procuro mostrarles que no se enfoquen tanto en la enfermedad, que vivan su vida, que se alejen un poco, porque a veces envuelves tu vida en la enfermedad y eso no puede ser. El centro de la vida no es una enfermedad (o tus limitaciones o cualquier problema)

Siempre digo, si la vida me da limones, voy a hacer las mejores margaritas, nada me detiene. Yo amo mi vida, amo lo que hago, a veces me siento sola, a veces me siento diferente. Tengo una pelea constante, mi mente me dice que haga muchas cosas, pero mi cuerpo no me lo permite, es una lucha que mi corazón y me mente van a ganar porque yo no me doy por vencida. Soy una obra de Dios.



Hoy quiero pedirte que sí te gustó este artículo lo comentes y lo compartas, Belén estará leyendo cada uno de sus mensajes (aquí y en Instagram) y será una carga de energía positiva para sus días menos buenos.

Por: Bárbara Izquierdo
CEO y creadora de: Bi Consultores
Coach, Conferencista, Empresaria
Libros publicados: El balcón de tus sueños
El cometa saltarín (cuento infantil)
Twitter:  @CelebrityCoach1



jueves, 1 de marzo de 2018

Mujeres Superpoderosas: Belen Atuve, el milagro de sus ganas de vivir (1era parte)

Belén Altuve se define a sí misma como una mujer feliz, luchadora, con miedos, algunos complejos; pero con unas inmensas ganas de vivir, eso es lo que más la motiva en la vida. Belén me reitera: "mis ganas de vivir me definen como persona, mis ganas de vivir me mantienen. Soy una mujer alegre, aunque tengo momentos donde me estoy muriendo por dentro, igual siempre me mantengo con mucha fe. También me considero una persona que le gusta ayudar a los demás, que le gusta ver feliz a los demás; para mí la felicidad de mi gente es muy importante".

Nací con una cardiopatía congénita llamada atresia tricuspidea, que quiere decir que no tengo la válvula tricúspide. Al momento de mi nacimiento, aparentemente yo estaba bien, me llevaron a mi casa y a los días de nacida me empezaron a dar convulsiones y mi mamá no entendía porqué me comencé a poner morada, a perder la capacidad de respirar.

Tengo la suerte de tener la mamá más bella del mundo, ella me ha dado la vida muchas veces. Siendo una bebé, mis padres me llevaron a muchos médicos, era el año de 1965, todos le decían a mi mamá que no sufriera más, que me dejara morir, que esa enfermedad no tenía cura. Mi mamá nunca perdió la esperanza, y eso la llevó hasta el Dr. Iván Machado en la Clínica Atias, este médico, a su vez, tenía unos colegas en Houston, en el Texas Children´s Hospital, entre ellos, un especialista que estaba practicando cirugías muy innovadoras en ese momento, el Dr. Denton Cooley.

Se hicieron todos los arreglos para que yo viajara para mi operación, pero en esos tiempos las normas aeronáuticas no permitían subir a un avión a una bebé con una bombona de oxígeno. Mi papá logró a través de unos contactos el permiso y, así fue como el 24 de diciembre de 1965, a la edad de 6 meses, volví a nacer. Por eso para mí cada 24 de diciembre es una fecha muy especial, es mi renacer.

Yo tuve una niñez muy feliz. Mi mamá fue muy sobreprotectora, pero al mismo tiempo me empoderó. Mi madre nunca me explicó que era lo que yo tenía, yo solo sabía que tenía algo en el corazón, pero desconocí los detalles por muchos años,  lo que me permitió vivir una vida muy tranquila, plena, muy feliz; una vida libre de etiquetas. Mi mamá fue muy inteligente, hizo que nunca me enfocara en mi enfermedad, aunque  siempre me sentí diferente.

En el colegio se burlaban de mí, fui blanco (no victima) de bullying porque tenía la boca y las manos moradas, pero yo a todo le encontraba un chiste, decidí con mi actitud no ser una víctima, pasé de ser la burla de la clase, a la niña cool. Con mi actitud siempre le busqué un lado cómico a todo lo que me estaba pasando (sin saber realmente lo que tenía)

Los recuerdos de mi niñez son tan felices, que siento que me mantienen viva. Nunca sufrí gracias a que mi mamá jamás me trató como una discapacitada.

A los 15 años tuve mi primera crisis, me dio una arritmia, que me llevó a mi primer pre-infarto, lo que me mantuvo una semana hospitalizada, todo salió bien, tuve una fibrilación atrial. Al salir de alta, comencé a tomar medicamentos, del resto, para mí la vida era normal.

Recuerdo, y hoy entiendo, la magnitud de la fiesta de mis 15 años, nunca lo voy a olvidar. Mi papá lo celebró en el Círculo Militar, había mucha gente, toda la familia y amigos, bailé en vals como por una hora, comencé con mi papá, la segunda persona fue el Dr. Machado, quien fue el que me llevó a Texas, y mientras bailaba lo único que yo veía a mi alrededor era a mi familia llorando, no entendía la magnitud de mi milagro; ¡Yo aún seguía viva!

Mi adolescencia fue normal, con amigos, novios, fui a muchas fiestas, gocé, disfruté hasta más no poder, pero no me gustaba estudiar, tuve problemas para aprender,  me costaba, hoy entiendo que era una de las consecuencias de mi cardiopatía congénita, para mí el aprendizaje era lento. Si me encantaba la música, la moda, de esos temas sí lo sabía todo´, como toda una adolescente.

A los 17 años yo quería ir a Italia, pero no me dejaban, lloré mucho, rogué mucho, hasta que lo logré. Jamás podré olvidar ese viaje, fue bellísimo, lo disfruté mucho, y mis padres se quedaron muy angustiados en Venezuela. A mi regreso, no habían pasado dos meses, caí casi en coma, me dio un ataque cardiaco.

Puedo recordar perfectamente, el estar sentada en una silla de ruedas en el Hospital Clínico Universitario (la Clinica Atias la estaban remodelando) mientras me hacían el ingreso yo estaba risas y risas, mi mejor amiga del colegio me regañaba, me decía: "quédate tranquila, no te van a creer".

Cuando me hicieron el ecocardiograma los médicos no lo podían creer, yo estaba en mi propia fiesta, decía que yo iba estar bien, siempre con una actitud positiva, pero estaba sufriendo un ataque cardiaco. En ese momento entró el médico y mi mamá se le arrodilló, y le decía: "no me deje morir a mi negrita, a mi negrita no". En ese instante comencé a sentir que me estaba desmayando y le dije a mi mamá todo lo que yo la quería, y quedé inconsciente.

Al quedar inconsciente comienzo a sentir que estaba caminando por una vereda, y me abre la puerta mi padrino, mi padrino era mi tío favorito, había fallecido cuando yo tenía 11 años. Cuando mi padrino abre la puerta, me saluda y me dice: "Ahijadita ¿Usted que hace aquí? Usted no tiene nada que hacer aquí, todavía le faltan muchas cosas por vivir." Yo le pedí la bendición y le dije que tenía mucho tiempo que no lo veía. Me respondió: "a usted le queda mucho tiempo por vivir, así que hágame el favor y devuélvase". Cuando me di la vuelta, sentí un golpe inmenso, fue el momento en el que recibí el electro shock.

Yo abrí los ojos, miré alrededor, habían muchos médicos. Uno de ellos me dijo: "te va a doler esto que te vamos a hacer". Yo estaba en un estado entre la conciencia y la inconciencia, lo único que repetia en mi mente era: "no me dejen morir, yo tengo muchas cosas que hacer, además mi padrino me dijo que yo tenía muchas cosas que hacer". Decía: "yo todavía soy virgen, si me muero los voy a perseguir".

Duré dos semanas en terapia intensiva, salí de allí. Los médicos le dijeron a mis padres que no entendían como me había salvado, medicamente no tenían explicación. Uno de los cardiólogos acotó, sí hay algo que tiene su hija, y la tengo que felicitar, es  una actitud hacia la vida que es más fuerte que cualquier enfermedad que ella pueda tener.

Salí de allí tomando mi tratamiento, para mí todo estaba bien, pasaron dos semanas y tenía un edema pulmonar,  pero yo no sabía que era eso, solo veía mis pies hinchados como dos jamones. Poco a poco me recuperé y volví a mi vida, las fiestas, los amigos, fui muy traviesa, yo miro hacia atrás y no tengo palabras, ahora es que me doy cuenta de todo lo que he tenido,  de el gran milagro que ha sido mi vida.

Hoy comparto en diversas asociaciones que reúnen pacientes con mi misma condición, comparto con mujeres de mi edad, y han sufrido mucho, sufren mucho porque están muy informadas. Yo descubrí realmente las dimensiones de lo que me pasaba, después de los 40 años.

Luego de mi recuperación me gradúe de bachiller, me costó muchísimo, no lo entendí antes, pues nunca me vi como una persona con una deficiencia o con limitaciones. Yo quería estudiar arte, fui a la Universidad Central de Venezuela y no quedé, pero yo me iba a las clases de arte y me sentaba allí. En esa etapa me sentía perdida, no me sentía en Venezuela, estaba arraigada a mi gente, pero sentía que yo necesitaba aprender cosas por mí misma, pues a mí todo me lo hicieron.

Comencé a estudiar docencia, no me gustó. Después mi papá me inscribió en la Universidad Santa María, pues quería que yo fuera abogado. Yo no quería, solo duré un año, hasta que un profesor me dijo: Belen yo no sé que haces tu aquí, tu eres una persona muy artística, demasiado diferente, esto no eres tu. Ese dia llegué a mi casa, y le dije a mi papá: Enójate todo que tu quieras, pero yo no vuelvo a la Universidad, no me gustan las leyes. Mi papá me respondió, pues algo tendrás que estudiar. Me inscribí en un curso de Turismo, y cuando me gradué, le dije a mi papá, ya tengo mi diploma, yo no puedo ser guía turística aquí en Caracas sin saber inglés, me quiero ir a Inglaterra.

Mi papá me dijo ¡Qué! ¡Tú para Inglaterra no vas! No regresarías más nunca. Pues yo sentía fascinación por Europa. Me dijo que tenía un amigo cuya hija estudiaba en Carolina del Norte, y así fue como enviaron a Estados Unidos. Yo llegué sola a este país en Mayo de 1987,  con 22 años, y mi vida cambió para bien, aprendí tantas cosas.

...Esta historia continuará.


Por: Bárbara Izquierdo
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lunes, 8 de mayo de 2017

Mujeres Superpoderosas: Silvia Ribot una vida de bienestar integral (parte 2)



Continuamos con la historia de Silvia Ribot, una mujer superpoderosa con una vida llena de bienestar integral.

La semana pasada comencé a contar el desafío más grande que Silvia ha tenido que superar: la muerte de su esposo Marcos.

Silvia me contó que ese día, ella estaba en la peluquería y al final de la mañana, recibió una llamada de Marcos, él le dijo que quería comer arroz con pollo para el almuerzo, así que Silvia al salir del salón de belleza compró lo que su esposo le pidió y para ella su sopa favorita. Al llegar a casa puso la mesa y se sentaron a almorzar divinamente, disfrutando de ambos platos.

En la tarde salieron para la sesión de acupuntura. De camino a La Victoria estaba lloviendo mucho y había mucho tráfico en la autopista, así que Marcos decidió que para el momento del retorno tomarían otra vía, sin importar que el carro se ensuciara (él tenía una obsesión por tener los carros extremadamente limpios).

Al llegar a la ciudad de La Victoria estaban sobre la hora, por lo que Silvia cuenta que Marcos le cede el carro para que ella lo estacione y él subir a su cita, eso tardó unos pocos minutos. Cuando Silvia se estaciona, lo llama a su celular para avisarle y Marcos no le atiende, eso le preocupó, así que subió inmediatamente al consultorio.

Cuando llega al tercer piso, se encuentra con un grupo de personas que rodean a alguien que está tirado en el piso, ella logra reconocer el zapato de Marcos que sobresale del círculo de personas y escucha los comentarios de la gente, la mayoría médico, pues ese edificio es la sede de muchos consultorios: eso fue un infarto, eso fue un ACV, no tiene signos vitales. Inmediatamente lo subieron a una silla de ruedas, pues no contaban con camilla y lo trasladan a la clínica.

Pocos minutos después sale la doctora para confirmar que había llegado sin signos vitales y que no había nada que hacer. La doctora le pidió a Silvia que la acompañara para que viera a Marcos, y le dijo: "Quiero que usted lo vea, ese señor se murió feliz, venga para le vea el rostro. Durante mi carrera veo cadáveres a cada rato, pero en toda mi carrera nunca había visto a una persona fallecida con una cara de felicidad, satisfacción, plenitud" Silvia estaba totalmente devastada.

Silvia cuenta que a pesar de todos sus años de experiencia en desarrollo personal, le costó mucho superar ese desafío. Es a través de su hermana y su hija María Gabriela, que llega a una formación centrada en el bienestar y cuando comenzó a aplicar las estrategias aprendidas de manera consiente y deliberada, fue que logró entender el porqué y el para qué Marcos se había ido. Silvia dice que además aprendió que nadie parte de este mundo sin su autorización.

También aprendió  que la vida está a su favor y no en su contra como lo sintió cuando Marcos falleció, y que experiencias como esas son perfectamente vivibles en este plano, que la única forma de adquirir experiencia es viviendo esas situaciones.

Hoy Silvia siente que está más cerca de tener todas las áreas de su vida en bienestar por una decisión propia, sin depender de otros, y le ha cerrado el paso al malestar.

La felicidad no depende de otros, afirma Silvia: ni del marido que tengas, ni de la familia que tengas, ni de la cuenta bancaria. Lo único que hay que hacer, es ser lo que queremos ser.

Sus valores guías son la honestidad, la lealtad, la responsabilidad, el compromiso, el amor y la humildad (que no tiene que ver con pobreza) sino con la grandeza de valorar las pequeñas cosas, humildad de no estar por encima ni por debajo de los demás, sino simplemente estar. La humildad para valorar en el otro lo que realmente es, y no lo que uno cree que es.

La paz para Silvia es un momento de bienestar pleno, es una sensación de quietud profunda, de serenidad y es un regalo para ella. Esa paz la encuentra en el silencio y en un ritual que ella tiene, que le llama “la contemplación” y es el momento en el que se para en la ventana a contemplar las nubes, el cielo, las montañas, el agua, contemplar todo eso la llena de paz en su máxima expresión.

La felicidad es un estado parecido, también es una sensación de bienestar con alegría, de entusiasmo, es más explosiva. La encuentra en ella misma, colocando en su pensamiento imágenes de cosas que ha vivido, cosas que le gustan y cosas que creo (de crear) que va a vivir.

Actualmente, su fuente de inspiración es su nieto de 5 años, sus dos hijas María Gabriela y María Alejandra, y su madre que está por cumplir 90 años llena de una salud extraordinaria y una gran lucidez.

A sus 61 años tiene muchos proyectos, entre ellos, seguir salpicando a muchas personas con su filosofía de bienestar, contribuyendo con su propio testimonio, como una manera de modelar a otros. Ver crecer a su nieto, viajar.

Por: Bárbara Izquierdo
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